5ta Parte
Los días
transcurrían en paz. A pesar de la enorme diferencia entre ambos, los primos
lograban coexistir en un extraño universo armonioso y cálido. Bernardo se
levantaba temprano por la mañana, iba a buscar el diario y, mientras desayunaba
unos mates con bizcochitos de grasa, marcaba anuncios de ofertas laborales.
Luego, dedicaba varios minutos a intentar meterse en su único traje, aquel que
su madre le había comprado unos años atrás para asistir a todas las fiestas de
quince a las que nunca fue invitado.
Vestido de ese
modo, su apariencia suscitaba algo siniestro. Más allá de sus características
físicas, verlo empotrado en medio de ese pequeño traje provocaba desconfianza y
malestar en la gente. La camisa arrugada y generalmente, mal abotonada; una
corbata que, debajo de su ancho cuello y enorme papada, se veía como un lazo de
regalo intentando mantener unido un matambre; el ruedo insuficiente de los
pantalones dejaba entrever unas medias toalla cortas; y cubriendo sus rollizos
pies, unos zapatos de cuero negro gastados. Su imagen era némesis de elegancia.
En las
entrevistas laborales, intentaba mostrarse afable y confiado, pero éstas solían
durar poco. Al parecer, las personas que llevaban adelante la búsqueda, tomaban
su decisión al momento de verlo cruzar la puerta. Algunas consultoras, por
delicadeza o profesionalismo, le dedicaban el tiempo estipulado e ingresaban
sus datos en la base. En otras empresas, se le acercaba alguien mientras
esperaba su turno para decirle que el puesto ya estaba cubierto. Sin embargo,
el aviso era exclusivamente para él, los otros candidatos seguían aguardando en
el lugar.
Pero Bernardo
estaba acostumbrado al rechazo y el fracaso. Era la respuesta natural de las
personas, las instituciones y, en mayor o menor medida, de las circunstancias
de la vida, hacia él. Con los años había
desarrollado una habituación a la frustración que le permitía seguir adelante
sin importar los resultados. Además, al volver a la casa siempre lo esperaba
Feliza recién levantada para tocarle alguna canción con la guitarra o compartir
juntos un aperitivo. Ella sabía muy bien como levantarle el ánimo.
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