viernes, 8 de junio de 2012

Con B de Felicidad

5ta Parte

Los días transcurrían en paz. A pesar de la enorme diferencia entre ambos, los primos lograban coexistir en un extraño universo armonioso y cálido. Bernardo se levantaba temprano por la mañana, iba a buscar el diario y, mientras desayunaba unos mates con bizcochitos de grasa, marcaba anuncios de ofertas laborales. Luego, dedicaba varios minutos a intentar meterse en su único traje, aquel que su madre le había comprado unos años atrás para asistir a todas las fiestas de quince a las que nunca fue invitado.
Vestido de ese modo, su apariencia suscitaba algo siniestro. Más allá de sus características físicas, verlo empotrado en medio de ese pequeño traje provocaba desconfianza y malestar en la gente. La camisa arrugada y generalmente, mal abotonada; una corbata que, debajo de su ancho cuello y enorme papada, se veía como un lazo de regalo intentando mantener unido un matambre; el ruedo insuficiente de los pantalones dejaba entrever unas medias toalla cortas; y cubriendo sus rollizos pies, unos zapatos de cuero negro gastados. Su imagen era némesis de elegancia.
En las entrevistas laborales, intentaba mostrarse afable y confiado, pero éstas solían durar poco. Al parecer, las personas que llevaban adelante la búsqueda, tomaban su decisión al momento de verlo cruzar la puerta. Algunas consultoras, por delicadeza o profesionalismo, le dedicaban el tiempo estipulado e ingresaban sus datos en la base. En otras empresas, se le acercaba alguien mientras esperaba su turno para decirle que el puesto ya estaba cubierto. Sin embargo, el aviso era exclusivamente para él, los otros candidatos seguían aguardando en el lugar.
Pero Bernardo estaba acostumbrado al rechazo y el fracaso. Era la respuesta natural de las personas, las instituciones y, en mayor o menor medida, de las circunstancias de la vida, hacia él. Con los años había desarrollado una habituación a la frustración que le permitía seguir adelante sin importar los resultados. Además, al volver a la casa siempre lo esperaba Feliza recién levantada para tocarle alguna canción con la guitarra o compartir juntos un aperitivo. Ella sabía muy bien como levantarle el ánimo.

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