martes, 26 de junio de 2012

Con B de Felicidad

6ta Parte

Una tarde de jueves, cuando Bernardo regresó a la casa, luego de su recorrido habitual por la ciudad con el diario bajo el brazo, se encontró con una banda de rock tocando en el living. Feliza, a cargo de la guitarra y la voz, era acompañada por una bajista y una baterista que manipulaban sus instrumentos con gran destreza. Tenían un sonido muy potente, o mejor dicho, estridente. Bernardo pensó en un juego de cacerolas cayendo por las escaleras. El abuso de distorsión en la guitarra y los alaridos de Feliza rompían con toda armonía y aportaban una desprolijidad, por momentos, excesiva. El bajo avanzaba feroz y constante, como una bestia hambrienta  detrás de la presa condenada. La batería marcaba el tiempo de un corazón gigante en  una explosión de adrenalina. Al frente del bombo, con letra imprenta grande y clara, vibraba el nombre y debajo, encerrado entre paréntesis, el mismo en inglés:
LAS FELICES
(The Happy Ones)
En cuanto notó a Bernardo parado delante de la puerta, el grupo se detuvo.
- ¡Berni! Vení que te presento a la banda. – dijo Feliza emocionada. Girando hacía sus compañeras, y con el entusiasmo de una conductora de televisión, prosiguió – Chicas, él es mi primo Bernardo, llegó hace poco a la ciudad y por estos días está viviendo conmigo.
- Bienvenido, yo soy Candela, pero me dicen Candy. – dijo la bajista guiñándole un ojo.
- Hola, me llamo Penélope Josefina Luisa Oro. Mi nombre artístico es Penny Gold. – se presentó la baterista con actitud recia y el ceño fruncido. Resultaba imposible imaginarse una sonrisa en ese rostro.
- Encantado. Ustedes también son travestis, ¿no? – preguntó Bernardo escrutando a ambas con la mirada.
- ¡Trans, Berni, trans! – corrigió su prima.
- ¿Hay algún problema? ¿Sos facho vos? – lo increpó iracunda Penny Gold levantándose del taburete.
- ¿Qué? No, no, yo no tengo facha. – respondió nervioso Bernardo mientras negaba con la cabeza y las manos.
- Tranquila, Penny. Es buen muchacho y simplemente hizo una pregunta, sin intenciones de ofender a nadie. – intervino pacificadora Candy y dirigiéndose a Bernardo continuó – Si, somos trans y ¡queremos conquistar al mundo con nuestra música! El problema es que nos quedamos sin cantante y tu prima no sabe vocalizar. Parece que empieza el día haciendo gárgaras con virutas de metal.
Todos estallaron en una carcajada, excepto  por Penny Gold que se limitó a asentir con la cabeza.
- ¡Ya sé! Berni estuvo en el coro de la iglesia, podríamos probar con él – dijo Feliza.
- Pero yo no sé nada de rock. – dijo Bernardo ante el comentario de su prima.
- ¿Qué importa? El rock viene después. Además, sería perfecto: ¡tres trans y un homosexual! – dijo excitada Candy.
- ¡Si! Berni, Penny, Candy y Feli. – agregó Feliza.
- Pe… pero ¿cómo saben que soy gay? – preguntó avergonzado Bernardo.
Nuevamente estalló una carcajada grupal, excepto por Penny Gold que esta vez se limitó a negar con la cabeza compasivamente. Feliza lo abrazó a su primo con ternura.
- Está todo más que bien, ahora estás en familia. – le susurró al oído con una dulzura que, a Bernardo, le era totalmente ajena.        
Bernardo comenzó a percibir algo extraño. De pronto una inusitada sensación lo envolvía, como una corriente protectora y confortable. Se encontraba rodeado de personas que no parecían juzgarlo ni incomodarse por su apariencia. Bajó la guardia y se permitió disfrutar de ese momento; por primera vez en su vida estaba con amigos y podía descansar de ese mundo hostil que lo había albergado durante dieciocho años.    

1 comentario: