Capitulo 5
Los ochenta
lo encuentran a Romeo Blue lejos de las sombras e inmerso en el corazón de lo
que más ama: la música. Aquellos días tóxicos quedaron atrás y con ellos la
confusión, el daño y la honda tristeza. En armonía con su persona, comienza a
descubrir un estilo propio donde convive el joven sensible y romántico con el
roquero salvaje y rebelde. Como diría más adelante en una entrevista para la VCC de Buenos Aires, “fue una
revelación divina, pude ver con completa claridad mi interior y entender como
esas melodías cremosas y picantes se deslizaban por las colinas de mi alma.
Creo que es parte del proceso que debe vivir todo artista. Seguramente si
hablas con Richards (Keith) o Gary (Coleman) te dirán lo mismo.”
Audiciones
mediante, recluta tres músicos para su proyecto y se encarga de proveerles un
vestuario y alias acorde a su estilo. Esta primera formación quedaría integrada por Louie “Sweet” Speerman en bajo, Susan “Moon’s
Milk” Miller en batería y Roy “Softly Fingers” Hay en teclados, quien
más tarde volvería a Inglaterra para unirse a Culture Club. Comienzan a tocar
con bastante continuidad en el legendario circuito under de la
Costa Oeste, usando unos extravagantes trajes de colores
llamativos y esos raros peinados nuevos que fascinarían a músicos y enfermeros
por igual. Poco a poco Romeo y su banda
empiezan a ganar cierta popularidad y su nombre se vuelve conocido. Es entonces
cuando decide grabar un demo con diez canciones titulado “I wanna walk through the valley of your love
with my tongue”. Fue algo osado para la época ya que desentona del espíritu
punk y el sonido new wave que identifica a esa generación, y propone una vuelta
a las raíces del funk, el soul y el rhythm & blues.
Gracias a
la perseverancia e insistencia que lo caracteriza, y a su creciente pseudo
fama, Romeo consigue algunas entrevistas con discográficas importantes para
promocionar sus canciones. Pero las puertas comienzan a cerrarse rápidamente; los
productores no ven ganancias en un joven negro y judío con un gusto musical
pasado de moda, un nombre de lo más meloso y canciones tan explicitas que
oscilan entre la cursilería grotesca y lo pornográfico. Para eso ya están Lionel
Richie y Stevie Wonder.
El 26 de
noviembre de 1982, en la puerta del sello Epic
Records, conoce personalmente a uno de sus ídolos: Michael Jackson. Éste se
encuentra ultimando detalles a cuatro días del lanzamiento de “Thriller” que, en menos de un año, se convertiría
en uno de los discos más vendidos de la historia y recibiría ocho premios
Grammy, cuatro Cosquín y dos conos Nubeluz. Romeo le confiesa su admiración y
Michael, en un gesto bondadoso, humilde y desinterado, lo invita a pasar el fin
de semana a su casa de playa en Malibú, con el fin de asesorarlo artísticamente.
Quizás sea este el comienzo de una gran amistad. Tal vez el futuro rey del pop
pueda darle el toque de suerte que su truncada carrera necesita…
(continuará...)
Nos vamos poniendo serios en este
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