viernes, 2 de marzo de 2012

La leyenda de Romeo Blue


Capitulo 5

Los ochenta lo encuentran a Romeo Blue lejos de las sombras e inmerso en el corazón de lo que más ama: la música. Aquellos días tóxicos quedaron atrás y con ellos la confusión, el daño y la honda tristeza. En armonía con su persona, comienza a descubrir un estilo propio donde convive el joven sensible y romántico con el roquero salvaje y rebelde. Como diría más adelante en una entrevista para la VCC de Buenos Aires, “fue una revelación divina, pude ver con completa claridad mi interior y entender como esas melodías cremosas y picantes se deslizaban por las colinas de mi alma. Creo que es parte del proceso que debe vivir todo artista. Seguramente si hablas con Richards (Keith) o Gary (Coleman) te dirán lo mismo.” 
Audiciones mediante, recluta tres músicos para su proyecto y se encarga de proveerles un vestuario y alias acorde a su estilo. Esta primera formación quedaría  integrada por Louie “Sweet” Speerman en bajo, Susan “Moon’s Milk” Miller en batería y  Roy “Softly Fingers” Hay en teclados, quien más tarde volvería a Inglaterra para unirse a Culture Club. Comienzan a tocar con bastante continuidad en el legendario circuito under de la Costa Oeste, usando unos extravagantes trajes de colores llamativos y esos raros peinados nuevos que fascinarían a músicos y enfermeros por igual. Poco a poco Romeo y su banda empiezan a ganar cierta popularidad y su nombre se vuelve conocido. Es entonces cuando decide grabar un demo con diez canciones titulado I wanna walk through the valley of your love with my tongue”. Fue algo osado para la época ya que desentona del espíritu punk y el sonido new wave que identifica a esa generación, y propone una vuelta a las raíces del funk, el soul y el rhythm & blues.
Gracias a la perseverancia e insistencia que lo caracteriza, y a su creciente pseudo fama, Romeo consigue algunas entrevistas con discográficas importantes para promocionar sus canciones. Pero las puertas comienzan a cerrarse rápidamente; los productores no ven ganancias en un joven negro y judío con un gusto musical pasado de moda, un nombre de lo más meloso y canciones tan explicitas que oscilan entre la cursilería grotesca y lo pornográfico. Para eso ya están Lionel Richie y Stevie Wonder.    
El 26 de noviembre de 1982, en la puerta del sello Epic Records, conoce personalmente a uno de sus ídolos: Michael Jackson. Éste se encuentra ultimando detalles a cuatro días del lanzamiento de “Thriller” que, en menos de un año, se convertiría en uno de los discos más vendidos de la historia y recibiría ocho premios Grammy, cuatro Cosquín y dos conos Nubeluz. Romeo le confiesa su admiración y Michael, en un gesto bondadoso, humilde y desinterado, lo invita a pasar el fin de semana a su casa de playa en Malibú, con el fin de asesorarlo artísticamente. Quizás sea este el comienzo de una gran amistad. Tal vez el futuro rey del pop pueda darle el toque de suerte que su truncada carrera necesita… 

(continuará...)

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