miércoles, 9 de mayo de 2012

Cementerio Club


Seguramente todos admiramos y respetamos a un artista, político, deportista o figura pública que con su labor nos enriquece y aporta de algún modo. Debe haber un personaje, o más, en cada rubro que despierte nuestras pasiones y defendamos a capa y espada en una charla de café o una cena con amigos.
Por otra parte, es sabido que somos una sociedad que, muchas veces, recién da valor a las personas y sus obras cuando ya no están. Es ante la ausencia que se recorre su historia, comienzan a explorarse sus huellas y se reconoce la magnitud del impacto que ha tenido en nuestra cultura. El furor (y la fama) post mortem es algo muy común y no sólo acá y ahora; hay numerosos ejemplos a lo largo de la historia y en todas partes del mundo.
Sin embargo, de un tiempo para acá, he notado que hay gente que directamente es fan de los muertos. Vive rindiendo homenaje al famoso fallecido esa semana, a través de las redes sociales y a veces también en su vida diaria. Sus fotos de perfil en Facebook parecen obituarios y sus tweets son una serie de saludos al más allá. Sus charlas de pasillo y ascensor eluden el clima y van directo a la mención de ese/a “ídolo/a” que ya no está entre nosotros. Esta gente no discrimina nacionalidad, edad, profesión o ideología política, basta con que sea una celebridad y no tenga pulso. El hecho de no saber nada acerca de la vida y obra del finado en cuestión, importa poco y nada. Son una legión de morbosos que rinde culto a la necrofilia y se llenan la boca hablando del respeto hacia el difunto y el reconocimiento merecido por éste.
Entiendo que el admirador, fanático o seguidor de una personalidad, que apoya su causa, consume su producto, difunde su obra o simplemente le agradece desde lo profundo de su corazón el haber tocado su vida, quiera despedirse, hacer el duelo pertinente y homenajearlo a su modo. Perfecto. Pero aquellos que besan el cajón de un extraño sólo para figurar, me parecen unos pobres infelices con un gran vacío en sus vidas.
En mi opinión, los homenajes se dan en vida y, en determinadas circunstancias, lo más respetuoso es el silencio.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario