miércoles, 16 de mayo de 2012

Con B de Felicidad


3ra Parte

Llamó a la puerta con tres golpecitos y en un breve instante una muchacha salió a su encuentro. Era una morocha despampanante vestida únicamente con una remera de Alice Cooper y un shortcito mínimo.
- Hola. – le dijo ella con voz ronca, mientras con una mano se llevaba un cigarrillo a la boca y con la otra se rascaba enérgicamente el culo.
- Hola, señorita. Lo busco a Félix. – dijo Bernardo con una incómoda sonrisa.
De golpe, la cara de ella se deformó. Entornó los ojos y miró detenidamente a Bernardo de pies a cabeza. Pitó el cigarrillo, se apoyó en el umbral de la puerta y comenzó a reír a carcajadas. Bernardo, en su desconcierto, comprobó tener la camisa limpia y la bragueta cerrada. Recién entonces, forzando nuevamente una sonrisa, preguntó.
- ¿Qué? ¿Qué pasa?
- Bernardito, ¿no? – le preguntó ella asintiendo con la cabeza.
- Si, pero… ¿Félix le habló de mí?
- Mejor pasa y ponete cómodo. – le contestó e hizo un ademán con la mano como invitándolo a entrar.
- Permiso, señorita. – le dijo tímidamente al pasar a su lado. Caminó unos metros hacía el living y recorrió fugazmente el lugar con la mirada. La habitación estaba dada vuelta, todo se veía sucio y fuera de lugar. Era como si la noche anterior Cacho Castaña y Kate Moss hubiesen organizado una despedida de soltero. El cadáver de la fiesta y los excesos descansaba ahí, luego de varias resurrecciones. Sobre la mesa ratona había un perro inconsciente y en su estomago, con pintura violeta, la leyenda: “no panza nada”.
- No te preocupes, el perro está vivo… y tu primo también. Pero diferente, ¿sabés? – dijo ella. Apagó el cigarrillo sobre una porción de pizza que decoraba el respaldo del sillón y prosiguió. – A veces la ciudad cambia mucho a las personas. Digamos que les permite ser lo que siempre soñaron. Acá uno encuentra de todo y para todos…
- Si, Félix siempre me decía que en Buenos Aires iba a poder triunfar con su música. – agregó Bernardo.
- Claro. Con su música y con sus tetas…
- ¿Qué?
- Si, tu primo ahora tiene una banda… y este cuerpo. – sonrió y dio una vuelta de 360º.
Bernardo quedó mudo, paralizado, sin siquiera pestañear.
- Bueno, vos procesalo tranquilo. Cuando se te pase, me avisás y salimos a comer algo. Ah, cierto, me llamo Feliza ahora.
A la medianoche Bernardo seguía exactamente igual, sin reacción, en el medio del living. El perro se despertó, se acercó a él y, luego de olfatearlo, le orinó una pierna. 

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