martes, 29 de mayo de 2012

Con B de Felicidad

4ta Parte

Feliza, su primo devenido en señorita, accedió a que Bernardo se quede con ella por un tiempo, hasta que consiga un trabajo y pueda procurarse su propio espacio.
Esa casa antigua, hermosa y bien conservada, en realidad pertenecía a Raúl “El Péndulo” Gardi, dueño de un prostíbulo donde había trabajado durante sus primeros años en Buenos Aires. Por aquel entonces todavía era Félix y sus tareas en el local consistían básicamente en atender la barra, tomar las órdenes de los clientes y controlar el tiempo de las chicas que brindaban sus servicios en los “privados”. Su buen desempeño, carisma y excelente trato, no tardaron en destacarse y al cabo de unos meses ya era gerente encargado del lugar. De a poco fue ganándose la simpatía y confianza de El Péndulo, y éste acabó por encomendarle sus otros negocios. Su patrón estaba metido e interesado en todo asunto ilegal que encontrase redituable.
Tres años atrás, luego de un allanamiento, El Péndulo debió exiliarse por tiempo indeterminado y le encargó especialmente el cuidado de su casa en zona norte a Félix. Le pidió que viviese allí hasta su regreso y que, pase lo que pase, nunca abandoné la propiedad por un período mayor a dos días. A Félix la tarea le resultó bastante conveniente, en ese momento estaba sobreviviendo en una pensión derruida en el extremo sur de la ciudad. Además, con el dinero que había conseguido hasta el momento, más la suma que le pagó el jefe por su lealtad, pudo realizarse las operaciones necesarias para verse y sentirse a su gusto.
Más allá de darle una mano a su primo hasta que se ordene y amolde al ritmo de la Gran Ciudad, veía en esta convivencia la oportunidad de orientarlo en la búsqueda de sus sueños. Sentía una gran empatía por él; tenía experiencia en luchar contra la adversidad y sabía muy bien que a un pibe horrible y con pocas luces como Bernardo todo se le iba a hacer cuesta arriba.

lunes, 28 de mayo de 2012

lunes, 21 de mayo de 2012

Costa del Ego

Breves chapuzones en el mar de la nada

5.
Antes de abrir la boca me pregunté: “¿Qué sentido tiene mentirle a un mentiroso?”. “Bueno, tal vez valore el esfuerzo…”, me respondí. Mi mirada seguía clavada en el ángulo superior izquierdo de la pared y recordé que aquello me incriminaba. Estaba próximo el temido silencio que daría turno a mis palabras y al mirar por la ventana me percaté que además tenía el clima en contra: todo suena falso los días de lluvia, la ciudad se convierte en un gran cultivo de excusas.
Modificar unos pocos elementos, alterar el orden de los acontecimientos y generar así una realidad verosímil e incomprobable. Estaba listo. Pero de pronto mi sistema de costo-beneficio me indicó que no valía la pena correr el riesgo; la posibilidad de quedar expuesto acarrearía peores consecuencias que la verdad en sí misma. El silencio. Hice contacto visual, ya no quedaba tiempo. Opté por la honestidad y abrí la boca. No me creyó.
Los mentirosos están convencidos que todos mienten. Más aún, los días de lluvia.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Con B de Felicidad


3ra Parte

Llamó a la puerta con tres golpecitos y en un breve instante una muchacha salió a su encuentro. Era una morocha despampanante vestida únicamente con una remera de Alice Cooper y un shortcito mínimo.
- Hola. – le dijo ella con voz ronca, mientras con una mano se llevaba un cigarrillo a la boca y con la otra se rascaba enérgicamente el culo.
- Hola, señorita. Lo busco a Félix. – dijo Bernardo con una incómoda sonrisa.
De golpe, la cara de ella se deformó. Entornó los ojos y miró detenidamente a Bernardo de pies a cabeza. Pitó el cigarrillo, se apoyó en el umbral de la puerta y comenzó a reír a carcajadas. Bernardo, en su desconcierto, comprobó tener la camisa limpia y la bragueta cerrada. Recién entonces, forzando nuevamente una sonrisa, preguntó.
- ¿Qué? ¿Qué pasa?
- Bernardito, ¿no? – le preguntó ella asintiendo con la cabeza.
- Si, pero… ¿Félix le habló de mí?
- Mejor pasa y ponete cómodo. – le contestó e hizo un ademán con la mano como invitándolo a entrar.
- Permiso, señorita. – le dijo tímidamente al pasar a su lado. Caminó unos metros hacía el living y recorrió fugazmente el lugar con la mirada. La habitación estaba dada vuelta, todo se veía sucio y fuera de lugar. Era como si la noche anterior Cacho Castaña y Kate Moss hubiesen organizado una despedida de soltero. El cadáver de la fiesta y los excesos descansaba ahí, luego de varias resurrecciones. Sobre la mesa ratona había un perro inconsciente y en su estomago, con pintura violeta, la leyenda: “no panza nada”.
- No te preocupes, el perro está vivo… y tu primo también. Pero diferente, ¿sabés? – dijo ella. Apagó el cigarrillo sobre una porción de pizza que decoraba el respaldo del sillón y prosiguió. – A veces la ciudad cambia mucho a las personas. Digamos que les permite ser lo que siempre soñaron. Acá uno encuentra de todo y para todos…
- Si, Félix siempre me decía que en Buenos Aires iba a poder triunfar con su música. – agregó Bernardo.
- Claro. Con su música y con sus tetas…
- ¿Qué?
- Si, tu primo ahora tiene una banda… y este cuerpo. – sonrió y dio una vuelta de 360º.
Bernardo quedó mudo, paralizado, sin siquiera pestañear.
- Bueno, vos procesalo tranquilo. Cuando se te pase, me avisás y salimos a comer algo. Ah, cierto, me llamo Feliza ahora.
A la medianoche Bernardo seguía exactamente igual, sin reacción, en el medio del living. El perro se despertó, se acercó a él y, luego de olfatearlo, le orinó una pierna. 

domingo, 13 de mayo de 2012

¿Sabía usted que...

... si reproduce al revés el primer disco de Miranda! puede escuchar a Gene Simmons dando su receta para hacer pasta frola casera?


viernes, 11 de mayo de 2012

miércoles, 9 de mayo de 2012

Cementerio Club


Seguramente todos admiramos y respetamos a un artista, político, deportista o figura pública que con su labor nos enriquece y aporta de algún modo. Debe haber un personaje, o más, en cada rubro que despierte nuestras pasiones y defendamos a capa y espada en una charla de café o una cena con amigos.
Por otra parte, es sabido que somos una sociedad que, muchas veces, recién da valor a las personas y sus obras cuando ya no están. Es ante la ausencia que se recorre su historia, comienzan a explorarse sus huellas y se reconoce la magnitud del impacto que ha tenido en nuestra cultura. El furor (y la fama) post mortem es algo muy común y no sólo acá y ahora; hay numerosos ejemplos a lo largo de la historia y en todas partes del mundo.
Sin embargo, de un tiempo para acá, he notado que hay gente que directamente es fan de los muertos. Vive rindiendo homenaje al famoso fallecido esa semana, a través de las redes sociales y a veces también en su vida diaria. Sus fotos de perfil en Facebook parecen obituarios y sus tweets son una serie de saludos al más allá. Sus charlas de pasillo y ascensor eluden el clima y van directo a la mención de ese/a “ídolo/a” que ya no está entre nosotros. Esta gente no discrimina nacionalidad, edad, profesión o ideología política, basta con que sea una celebridad y no tenga pulso. El hecho de no saber nada acerca de la vida y obra del finado en cuestión, importa poco y nada. Son una legión de morbosos que rinde culto a la necrofilia y se llenan la boca hablando del respeto hacia el difunto y el reconocimiento merecido por éste.
Entiendo que el admirador, fanático o seguidor de una personalidad, que apoya su causa, consume su producto, difunde su obra o simplemente le agradece desde lo profundo de su corazón el haber tocado su vida, quiera despedirse, hacer el duelo pertinente y homenajearlo a su modo. Perfecto. Pero aquellos que besan el cajón de un extraño sólo para figurar, me parecen unos pobres infelices con un gran vacío en sus vidas.
En mi opinión, los homenajes se dan en vida y, en determinadas circunstancias, lo más respetuoso es el silencio.